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Senderos de Agua

Cada vez que consultamos un mapa nos resulta fácil distinguir las diferentes rutas que hay trazadas porque se utilizan diferentes colores para identificarlas.

Reconoceremos normalmente en negro los caminos de hierro por los que circula el tren, en rojo o amarillo las rutas de asfalto por las que circulamos en coche. En gris o un color neutro las pistas y caminos, también los sendas por los que caminamos en nuestros paseos por el monte. Y el azul queda reservado para los trazados que siguen los ríos en su bajar de los montes y que aparecen en los mapas con un trazo fino que va engrosando cuando cruzan los llanos y que, al acercarse al mar, parecen marcados con rotulador.

En esas líneas azules no reconocemos senderos, tampoco solemos verlos como rutas de acceso al monte o al mar. Y eso que, aunque ya no todos los caminos llevaban a Roma, todos los senderos de agua siguen llevando al mar.
Recorrer estos senderos nos permite  observar la naturaleza desde una perspectiva distinta: desde el cauce de un río, arroyo o torrente, desde el fondo de un valle o de un barranco.